Platón y Aristóteles Cristina Ambrosini  
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Penélope: las distintas formas de la espera

Cristina Ambrosini

 

Penélope - Joseph Wright of Derby Dice Roland Barthes en un conocido párrafo de Fragmentos de un discurso amoroso

 

“Históricamente, el discurso de la ausencia lo pronuncia la Mujer: la Mujer es sedentaria, el Hombre es cazador, viajero; la Mujer es fiel (espera), el Hombre es rondador (navega, rúa). Es la Mujer quien da forma a la ausencia, quien elabora su ficción, puesto que tiene el tiempo para ello; teje y canta; las Hilanderas, los Cantos de tejedoras dicen a la vez la inmovilidad (por el ronroneo del Torno de hilar) y la ausencia (a lo lejos, ritmos de viaje, marejadas, cabalgatas). Se sigue de ello que en todo hombre que dice la ausencia del otro, lo femenino se declara; este hombre que espera y que sufre, está milagrosamente feminizado. Un hombre no está feminizado porque sea invertido, sino por estar enamorado”

 

La cultura nos acostumbra a las dicotomías y en este reparto de roles “la espera” corresponde a las mujeres de allí que su figura emblemática sea Penélope tanto como la figura emblemática de lo masculino es Ulises. En este esquema, la mujer está condenada a permanecer en la inmóvil unidad del oikos o a perderse a sí misma, mientras que Ulises simboliza el loco querer más allá de todo oikos. Sin embargo, llega un momento en el que el viaje se transforma en fuga, en huída que también naufraga y se impone el regreso.

 

El prestigioso helenista Carlos García Gual  nos recuerda que si bien el rey de Itaca ya figuraba como un  caudillo entre los reyes aqueos de la Ilíada, y ya allí estaba caracterizado por su astucia y su habilidad oratoria, es en la Odisea, el poema que lleva su nombre (Odiseo), donde lo vemos actuar en su compleja personalidad. Ulises fue un valeroso combatiente en la guerra de Troya, pero la Odisea deja atrás ese aspecto bélico para evocar nuevos rasgos de su persona, para presentárnoslo como un héroe aventurero, inteligente, armado de astucia para afrontar con éxito los peligros de un complicado regreso a su isla patria. A este Ulises, como héroe moderno, ilustrado, y desengañado se han referido Adorno y Horkheimer en el primer capítulo de su Dialéctica de la Ilustración. Aquí Ulises es el héroe resignado que vuelve, cumplida su faena en la penosa guerra de Troya, a su patria. La relación del héroe con su familia es un trazo esencial en la historia. Su esposa, Penélope, lo espera con una fidelidad ejemplar. También lo espera su padre, el viejo Alertes y su hijo Telémaco.

Mientras espera, Penélope teje su tela y sus engaños. Por su parte, Ulises se demora en exceso en la cueva de Polifemo para ver al monstruo, luego quiso escuchar los cantos de las Sirenas, se enredó en amoríos con Circe, quedó retenido ocho años en la idílica isla de Calipso, y se atrevió a navegar hasta la misma entrada del Hades.  

“Entre dos mundos, el fantástico Mediterráneo y su isla patria, se mueve Ulises, zarandeado por los designios de los dioses, odiado por Poeseidón y protegido de Atenea, pero confiado en definitiva en salvarse por su propia inteligencia.”

Como cualquier figura mítica, la de Ulises se ha prestado a muy distintas recreaciones e interpretaciones a lo largo de una tradición literaria de siglos: aparece como un oportunista en el siglo sexto, un sofista o un demagogo en el siglo quinto, un sabio estoico en el siglo cuarto; en la Edad Media se transformará en un valiente guerrero o un sabio clérigo o un explorador precursor de Colón, en el siglo XVII en un príncipe maquiavélico o un político, en el XVIII en un filósofo, en el XIX en un viajero byroniano, en el XX en un protofascista o un humilde ciudadano de una moderna Megalópolis. No podemos pasar por el tema sin citar también a Borges quien tenía a la Odisea entre sus textos predilectos, desde su niñez, pero en versión inglesa y no española. Le gustaba recordar a Ulises como símbolo del exiliado, del viajero inquieto, navegante por un mar laberíntico y condenado por su audacia al Infierno

Para algunos poetas mediterráneos, Ulises es un mártir del exilio y de la resignación ante el destino. Encontramos este rasgo en dos catalanes: Agustí Bartra, cuyo Odiseo (México l953 en catalán, y l955 en castellano) es una extensa recreación nostálgica de la Odisea, en verso y en prosa, y Carles Riba, el gran traductor de la Odisea al catalán, cuyas Elegias de Bierville (l943) están impregnadas de la figura de Ulises. Ambos textos están escritos en el exilio tras la guerra civil, exilio más breve y cercano uno, más largo y lejano otro.

En oposición al final ingenuo de la Odisea, las versiones contemporáneas desmistifican al héroe para indicar que no es posible esa amable solución final del encuentro feliz con su paciente mujer y su patria. Tras los veinte años de ausencia, el héroe no volverá a encontrar la Itaca anhelada, porque sus anhelos no encuentran sino una realidad trastocada por el paso del tiempo y las trayectorias de otras vidas. En esos finales desencantados se nos advierte que Ulises va a encontrarse con un nuevo enemigo, que no podrá derrotar: el paso del tiempo implacable. ¡Pobre Ulises que vuelve veinte años más viejo! ¡Pobre Penélope que en esos veinte años ha planeado su vida resignada a esa ausencia, con sus propias ilusiones frustradas! Con el regreso del héroe al hogar no puede recuperarse el tiempo perdido y sí, en cambio, hay que buscar una sutura que se ha vuelto imposible después del largo vacío de veinte años.

“Todavía en nuestra época, tan desencantada y falta de modelos míticos, pero tan colmada de exilios y naufragios, el redivivo Ulises, aventurero y fantasioso, pervive en la literatura y la memoria como paradigma del viajero condenado al amargo exilio por el amplio mundo, pero esperanzado por volver un día a su patria y al amor de los suyos, impulsado por la honda nostalgia de su lejana Itaca. El regreso puede ser arduo y quizás con un final menos feliz que en el antiguo poema homérico”, concluye en su escrito García Gual

Esta misma versión desencantada es la que parece rescatar otro intelectual catalán, Joan Manuel Serrat, en su antológica Penélope. Reaparece la idea de que el último enemigo que ya no puede derrotar Ulises es el implacable tiempo. Penélope “detiene su reloj infantil” el día que parte su amante luego de prometerle que volverá “antes que de los sauces caigan las hojas”. La promesa se cumple pero a destiempo. Mientras Penélope detuvo su tiempo, el del viajero transcurrió y quien regresa es otro, no el que partió. “Tú no eres quien yo espero” es la sincera respuesta de la que esperó a quien nunca podría regresar: el mismo que se fue.

A una espera imposible corresponde un  regreso  imposible, parece indicarnos Serrat.

Aquí la heroína es Penélope cuando elige. Penélope decide mantenerse fiel en la espera antes que aceptar la presencia de un extraño. Con el texto de la Penélope de Serrat cerramos este artículo.

 

Penélope

Joan Manuel Serrat

Penélope,

con su bolso de piel marrón,

y sus zapatos de tacón

y su vestido de domingo.

 

Penélope,

se sienta en un banco del andén

y espera a que llegue el primer tren,

meneando el abanico.

 

Dicen en el pueblo

que un caminante paró

su reloj

una tarde de primavera.

Adiós amor mío

no me llores, volveré

antes que de los sauces caigan las hojas.

Piensa en mí,

volveré, por ti.

 

Pobre infeliz,

se paró tu reloj infantil

una tarde plomiza de abril

cuando se fue tu amante.

Se marchitó

en tu huerto hasta la ultima flor

no hay ni un sauce en la calle mayor

para Penélope.

 

Penélope,

tristes a fuerza de esperar,

tus ojos parecen brillar

si un tren silba a lo lejos.

 

Penélope,

uno tras otro los ve pasar,

mira sus caras,

les oye hablar

para ella son muñecos.

 

Dicen en el pueblo

que el caminante volvió,

la encontró, en su banco de pino verde.

La llamó, Penélope

mi amante fiel, mi paz,

deja ya de tejer sueños en tu mente.

Mírame, soy tu amor, regresé.

 

Le sonrió

con los ojos llenitos de ayer

no era así su cara ni su piel.

Tú no eres quien yo espero.

 

Y se quedó

con su bolso de piel marrón

y sus zapatitos de tacón

sentada en la estación.

 

 Artículo reseñado:

Carlos García Gual  Ulises hoy. (Odiseo , el más moderno de los héroes griegos) en

http://www.humanrights-observatory.net/ulisses/connect/ponencia2.htm
















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